claves para ser feliz

¿Cómo ser más felices?

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Los expertos en psicología positiva hablan de enfocar la atención y todos nuestros sentidos en las experiencias que nos enriquecen en vez de estar dando vueltas en un tema que no conseguimos superar o que no nos deja avanzar. Al cabo del día, si hiciéramos un balance de todos los pensamientos que hemos generado nosotros mismos, veríamos que la mayoría ni siquiera son reales, son cosas que “podrían pasar” en un futuro poco probable. Más de un 70% son pensamientos negativos que no nos aportan nada bueno y una ínfima parte, se trata de pensamientos optimistas, situaciones que nos han hecho felices o han aportado algo positivo a nuestro día.

Con este ejemplo práctico podemos llegar a la conclusión de que, parece que al ser humano, le encanta preocuparse o lo que es lo mismo: “Le gusta estar ocupado, mantener la mente concentrada en algo que todavía no ha ocurrido y tampoco hay certeza de que vaya a ocurrir“. ¡Toda un paradoja! Quien más o quien menos, así pasan sus días, saltando de un pensamiento a otro, con suposiciones, dando por hecho acontecimientos que no saben si se harán realidad, cambiando de una dirección a otra por si acaso, actuando en función del qué dirán y asegurando que, si hacen o dicen lo que sienten, seguro que molestará a más de uno.

Vivir de esta manera día tras día, puede ser agotador y frustrante. Una cosa es ser educado y respetuoso, saber convivir y no ir por la vida llevándose a todos por delante y otra muy diferente, es vivir la vida en función de las expectativas de otras personas, queriendo satisfacer a todos en cada momento. Ser responsable no significa tener que sacrificarse a cambio de algo, quizás lo que está fallando es la organización diaria o semanal. Hay que tener claro cuál es la escala de valores de cada uno, esto ayudará a descartar aquellas tareas que se siguen haciendo por obligación.

Es importante aprender a decir no y entender que cuando se hace, no se está siendo egoísta, sino que se está atendiendo a una necesidad puntual. No se trata de decir que no a todo ni a todos, se trata de perder el miedo al qué dirán o a creer que ya no contarán contigo si te niegas a una petición por parte de otra persona. Nadie es imprescindible y siempre hay soluciones para todo.

No existe la receta mágica de la felicidad pero, muchos coinciden en que esta fórmula matemática se aproxima bastante: “El día tiene 24 horas. Si conseguimos repartir estas horas de forma equitativa, tendríamos 8 horas para dormir, 8 horas para trabajar y 8 horas para el ocio. Así cada día“. Cada uno sabe qué le hace feliz. Puede ser disfrutar de su familia, leer un libro, pasear por el campo, practicar algún deporte, bailar o estar a solas, lo importante es dedicar cada día un tiempo a aquello que enriquece y aporta felicidad. Es una cuestión de organizarse bien y así, habrá tiempo para todo.

Durante el día surgen miles de pensamientos que ni siquiera se es consciente de cómo han aparecido y la mayoría, son pensamientos negativos que segundo tras segundo, nos van minando y sin darnos cuenta, estamos metidos en un laberinto mental del que no sabemos cómo salir. Estos pensamientos generan emociones, emociones que pueden durar segundos, horas o días y que se repiten cada día, creando estados de ánimo que, por acumulación, se convierten en rutina.

La felicidad es un aspecto que hay que cultivar cada día enfocándonos en aquello que nos fortalece, que nos motiva, que nos llena y aporta positividad dejando que los aspectos negativos, ya sean reales o ficticios, vayan perdiendo intensidad hasta desvanecerse. Se trata de cambiar la actitud, de elegir cómo vivir, saber cuáles son nuestros valores, qué queremos compartir y con quién, qué es prioritario en nuestra vida y que si algo nos resta alegría, siempre estamos a tiempo de elegir algo mejor.

Damos por hecho que para alcanzar nuestros objetivos hay que sufrir, que nadie nos va a regalar nada, que al que madruga Dios le ayuda… Frases que llevamos mucho tiempo escuchando y que hemos dado por buenas, sin parar a pensar que la felicidad, no tiene nada que ver con el dinero, ni los bienes materiales ni el poder. La felicidad siempre se esconde en los detalles pequeños de cada día, en las cosas más simples y en los recuerdos de momentos maravillosos que hemos vivido y podemos repetirlos.

No se trata de no enfadarse o de quedarse pasivo ante todo, se trata de sonreír más, de celebrar los logros personales, de enfocarse en lo positivo, de tener claras las prioridades, revisar la escala de valores y perder el miedo a decir no cuando es necesario. La mayoría de las personas son felices de a ratos y el secreto está en estirar esos momentos de felicidad, todo lo que sea posible.

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